Diario de un 365

El 11 de enero de 2017 comencé un reto personal: hacer un 365.  Consiste en publicar una fotografía cada día durante un año a través de mi cuenta en instagram. A medida que las semanas pasaban, se añadían algunas reflexiones que iba sintiendo durante el proceso de creación. Por ello, a continución se muestra una recopilación escrita de dichas anotaciones.


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11.01.2017

En lugar de crear libremente y de permitir que los errores se revelen solos más adelante, en forma de hallazgos, muchas veces nos liamos queriendo acertar con los detalles. Corregimos nuestra originalidad para convertirla en uniformidad que carece de pasión y de espontaneidad. “No tengas miedo de los errores. No existen”. Con esto empiezo un proyecto con el que pretendo desatascar la exigencia y la consecuente inmovilidad. La sobrereflexión que me impide actuar. Dejar paso, por tanto, al fluir de las cosas y los impulsos. 
Caer y levantarse. Siempre. 



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17.01.2017

Reconozco que la noche en que se me cruzaron las neuronas y dió a luz la idea de meterme en un 365 no lo pensé mucho. Tras muchas conversaciones con amigxs, se me presentó como una aventura excitante la cual sentí que para que fuera real y me comprometiera de verdad, tenía que publicarlo por alguna parte. Y eso hice rápidamente. 

Al día siguiente creo que fui un poco mas consciente de mi decisión y de que ya no había vuelta atrás. No sé si llegaré a 365 fotos. Pero justamente lo que quiero es lanzarme a la piscina y a ver qué saldrá… Cuando hay muchas ideas, pero no hay acción, acaba por ser nada. Aunque hagas un pasito, será más que ayer y menos que mañana. Ya llevo una semana…¡¡¡y lo celebro!!! Vayamos pues a por la siguiente semana!!!


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24.01.2017

¡¡Ya van dos semanas!! Celebro este triunfo. Y a la vez, inevitablemente mi mente y mis nervios se dejan llevar por el vacío, la incertidumbre del qué será de las próximas fotos…es una sensación a la que siento que me aproximo cada vez más. Y es inevitable a la vez recordar en qué momento se me ocurrió meterme en este jaleo de 365 días. Pero tal y como dice Picasso, si no hay acción, no hay éxito. ¿Éxito a qué o sobre qué? Éxito como recompensa personal de ponerte un objetivo y lanzarte a hacerlo independientemente de cómo y cuándo vaya a acabar. Éxito de aprender a ser más constante que antes y a tener en mente día tras día una meta a alcanzar. Que para mí y por el momento no es más que llegar a publicar una foto al día, que de alguna manera me toque, me cuente una historia. Ya para mi, eso es más que suficiente. 
Gracias a todxs lxs que me seguís♥


La misma noche que publiqué esta foto, mi móvil murió. Estuve dos días sin teléfono, y por tanto sin poder subir fotos. El primer día de dicha imposibilidad instagramera, mi mente se relajó. Curiosamente, en lugar de estar aliviada porque había “ganado” un día, sentí que dejaba pasar un día, una oportunidad de poder hacer algo, de acercarme más a ese objetivo que me había puesto en un momento. Que aunque no sé hacia dónde va, me siento de alguna manera responsable de ello. 

A los días ya disponía de nuevo de mi teléfono. Subí las fotos que faltaban. Y esa pausa de un par de días me hizo que las dudas y la incertidumbre anteriormente mencionadas, paradójicamente, se redujeran. Súbitamente, me entraron más energías para continuar y volver al engranaje diario.


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31.01.2017

Ayer estuve hablando con un buen amigo sobre una experiencia que tuvo en un festival de diseño. Era una de sus primeras ocasiones en las que tenía que diseñar en directo y luego poner en venta lo que había realizado durante la jornada. Me explicó que durante el proceso se sentía observado y muy crítico frente a lo que estaba dibujando. “No me acaba, esto lo podría mejorar,…”, se decía. Hasta el punto que no sabía si largarse o quedarse hasta el final. Está claro que es una situación a prueba de balas. Hay que acabar lo que uno ha empezado a pesar de que nuestros nervios e inseguridades nos empujen a salir corriendo. 

Confía. 

Saldrá bien.

Porque el quedarte hasta el final, a pesar de que no estes satisfecho completamente con el resultado - lo más normal porque siempre queremos dar lo mejor de nosotros-, te ayudará a que para la siguiente ocasión tengas más confianza en ti mismo al haber aprendido millones de cosas. O una cosa más, da lo mismo, porque eso también es más que nada. 

 Finalmente así fue. Se quedó. Y vendió las tres obras que hizo. 


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7.02.2017

Hoy se cumplen 4 semanas desde que tomé la decisión de ser constante con la fotografía. Publicar una al día. Ser mi “propio cliente”. Responsabilizarme con lo que hago. No perderme en nuevas rutinas que hagan que posponga la toma fotográfica a otro momento mejor, con unas condiciones mejores, en un estado mejor etc.  Nada más que mejores excusas para al final no hacer nada.

Un factor muy importante que me ha permitido llegar hasta aquí, ha sido el de no concentrarme en la meta final sino en el día a día. El momento presente. No anticipar. Las cosas se van construyendo solas. Evidentemente hay una acción, sino es imposible. No obstante van tomando forma, poco a poco. Trabajar en ello.


Una de las cosas que me parecen más interesantes de alguien que crea, son sus circunstancias, su trayectoria, en definitiva su biografía. El conocer qué ha vivido para saber cómo ha influenciando en su obra. Es interesantísimo. Sobre todo, esa escucha. Esa escucha constante sobre la propia mirada que va evolucionando, - y ahí es cuando se produce la magia-, de manera natural hasta llegar a crear algo sentido y con sentido

Gracias por esa clave, S.


Os dejo una de mis biografías favoritas:

http://www.rtve.es/alacarta/videos/imprescindibles/imprescindibles-picasso-barcelona-picasso-infinito/1752627/


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14.02.2017

Durante las últimas semanas, he estado dedicando bastante tiempo a rediseñar mi web personal y a la construcción de una comercial. Cada cierto tiempo les enviaba el link a buenos amigos para que me aconsejaran. Cómo la ven, qué se puede mejorar, qué no funciona etc. Aspectos que de tantos verlos, se te escapan porque acabas viciando la mirada. 

Hace unas semanas, hablé con una antigua compañera del colegio. Es diseñadora y está trabajando en un estudio de arquitectura. Visto que estaba muy contenta por su trabajo, le pregunté acerca de su web para conocer sus proyectos. Me contestó que hacía casi un año que tenía en mente construirla, por lo que no tenía nada para enseñarme. De pronto me vino a la cabeza el motivo que me obligó a construir la mía y todo lo que ésta había cambiado hasta el día de hoy. 

Bastante.

Detalles, que hasta que no te pones a ellos, parece que no avances. ¡Y a la vez cuidado! Tampoco cegarse en ellos y en su continua puesta en cuestión. Es muy sencillo atascarse y tropezarnos, al final, con nosotros mismos. 

Aun así, todo trabajo está en continuo cambio y evolución. Y menos mal, porque si no, no hay progreso. La máquina no avanza. Y esto me recuerda a un consejo que me dijeron ayer con respecto a las webs en particular, pero que sirve para cualquier contexto.  

Recuerda que los grandes recorridos se hacen con pequeños pasos y no con grandes saltos.” 



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19.02.2017

Hace 3 años, mis padres viajaron al océano índico para visitar a mi hermana en su actual residencia. De ese viaje todos se llevaron muchas cosas positivas. Mi madre, además de ello, cogió un nido y se lo guardó en la maleta. Desde entonces ha estado como objeto decorativo en mi casa de veraneo.

Hace un año empecé un proyecto fotográfico. No empecé sabiendo el tema. Si no que éste, a partir de salidas fotográficas y de encontrar un factor común entre todas las fotos, se iba formulando poco a poco. Concretamente, mientras trabajaba en la búsqueda del tema, hubo dos ocasiones que sentí la necesidad de coger un billete para el día siguiente y viajar de Barcelona a Valencia en búsqueda de respuestas. O más bien de acabar de formular esas preguntas. No sabía exactamente qué era lo que buscaba, pero había algo dentro de mí que me decía que siguiera ese presentimiento. Que me dejara llevar y siguiera esa vocecilla interna que me guiaba. 

En el segundo viaje llegué a hacer 800km en 3 días. No sé por qué, pero tengo que ir hacia allí, les decía a mis padres cuando llegaba a casa de forma inesperada. Finalmente, en aquel viaje, todas las fotos salieron a presión. Con una estética determinada, un discurso, un tema: el núcleo familiar. Y entre esas fotos, se encontraba el nido que mi madre había cogido años atrás. 

Hoy, hace 3 meses que salí de la puerta de mi casa con la mochila en la espalda para reunirme con
mi hermana. No ha sido una decisión impulsiva, sino que ha ido formulándose
progresivamente. Han habido muchas razones de peso, y además por suerte, había
esa vocecita que me decía, si quieres seguir con el proyecto fotográfico,
tienes que proseguir con el viaje.


Puede que todo esto parezca una locura. Yo lo siento como una experiencia mágica. Pero ésta no puede ser posible si no hay una escucha interna propia. Tomarse el tiempo necesario para oírse y saber qué es lo que se quiere o se necesita. Son sensaciones. Intuición. Escucha. Y viaje


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27.02.2017

Tres horas largas de ruta en coche. Subida a 2260 metros de altitud. Llegamos al parking. Estamos de suerte, no hay demasiados coches. Preguntamos a los de salvamento y nos informan que no se va a despejar la niebla y puede que no podamos ver el volcán en erupción. Bueno, ya que hemos llegado hasta aquí vamos a intentarlo hasta donde podamos, nos decimos. 

Empieza la ruta. Es extraño. No ves lo que hay abajo. No hay una referencia. Y aunque estamos rodeados de niebla, podemos caminar sin problemas. Al final, encontramos un mirador. Nos detenemos y por arte de magia comienza a despejarse. Logramos ver qué se esconde bajo nuestros pies. Increíble. Unas montañas que cortan de súbito bordean las faldas del volcán. Conseguimos ver pequeñas aberturas por donde chorrea la lava, pero no es suficiente.

Seguimos caminando. Llegamos a otro mirador y conseguirmos ver mejor las salidas de lava. De pronto hay una ola de nubes que nos tapa la vista y nos empuja a proseguir nuestro camino. Seguimos hasta que llegamos al final de la ruta. Y de súbito todas las nubes desaparecen. Increíblemente las que se apresuran por los lados, se detienen. ¿Cómo es posible que a esta altura de repente las nubes se detengan, se paralicen? 

Sacamos el vino, los quesos y el pan, y disfrutamos de la vista y de los rugidos volcánicos. Al acabar de cenar frente a la lluvia de lava y con el frío más presente entre los huesos, las nubes nos vuelven a cegar. De acuerdo, es el momento de volver. Frontal encendido, mochila en la espalda y vuelta al coche.

No paramos de cruzarnos gente. Uf qué valor empezar ahora la ruta. Comienza una ligera llovizna. Cada vez hace más viento. Y más llovizna. Mis gafas se empañan y no logro ver por donde pisa la persona que tengo delante. El viento silva. La llovizna cada vez más presente. Las gafas totalmente empañadas. Ya ni siquiera veo con claridad a donde piso. A la vez siento que me retraso un poco del grupo. Que mi paso es más lento y que dudo de mis pisadas.

¿Cómo es posible que no vea donde piso?… ¿Cuánto quedará para llegar al coche?… Quiero llegar ya… Y en ese preciso instante en el que no ves nada, no oyes más que el silencio y no sabes hacia donde caminas, te sientes completamente desnuda. Eres tú y la nada. ¿Donde estoy? ¿Hacia dónde voy? No quiero continuar mi camino a ciegas… pero ¿qué puedes hacer si no? Camina, Laura, camina, No pienses. Vas a llegar pronto. No puedes pararte. ¡Pero no veo nada! Da igual. Sigue caminando. No te vas a caer. No puedes detenerte. El miedo no te puede frenar. Porque si paras el ritmo, ¿qué vas a hacer aquí en medio de la nada?¿Qué vas a conseguir? Paralizarte, lo más probable. Y pensar más. Helarte de frío y que sea más duro retomar la marcha. El coche no va a aparecer de repente solo por desearlo aún más. Sigue caminando. Llegaréis pronto. Vale, sigo. 

Momentos más tarde, mi compañero de ruta se detiene a esperarme. Gracias por esperarme, le digo. Ya casi hemos llegado, así que lleguemos todos juntos, sonríe. Gracias.


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7. 03.2017

Esa puerta que está frente a mí. Cerrada. Y que de alguna manera intuyo lo que hay detrás. Ese candado que la cierra no es más que un impedimento, un obstáculo, un miedo -¿mío?-. Como no tengo la llave, paso de la puerta. Sigo el camino. Descubro que éste acaba siendo circular. Vuelvo otra vez a esa puerta. Esta vez el marco ha desaparecido. Pero aún así no puedo moverla. Puedo dar las vueltas que sea a través del camino y cada vez que paso por esa puerta que poco a poco se va desintegrando pero que a la vez sigue firme en su posición, me llama y me interpela. Y sin embargo yo, no siento la fuerza para atravesarla. 

Reconozco que es un miedo. La lógica del miedo es echarse para atrás y correr en dirección contraria. Si sigo esta lógica podré estar las veces que quiera como una tonta dando vueltas a la misma circunferencia sin llegar a avanzar hacia ningún lado. De mi depende, por tanto, encontrar la manera de abrir, romper, forzar, - lo que sea- el candado. Ese miedo, sano, no es más que una pequeña alarma que me dice, dirígete a esto. Y trabájalo. Solo así podrás avanzar. 


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17.03.2017

Tal y como yo entiendo la fotografía, ésta es para mí, un medio de expresión. Un proceso intuitivo de creación y de expresión en el que, utilizando mi entorno, me proyecto en él sirviéndome de la fotografía como herramienta de captura.

Se podría pensar que el proyecto 365 no trasciende más allá que de lo puramente fotográfico. Tanto las fotografías como los textos. No obstante, solo depende del espectador determinar la respuesta. 

Hoy reviso todo el camino realizado y me doy cuenta de que esas experiencias fotográficas relatadas iban un poquito por delante de mi propio proceso personal, y que gracias a ello me guían actualmente en mi incertidumbre. Por lo tanto, ¿de qué me sirve todo lo escrito hasta ahora?

Darme cuenta de que los aprendizajes que sentía de las experiencias fotográficas son completamente adaptables a otras situaciones. Además, la escritura me ha servido para concretar mis propios miedos y obstáculos. A que no sean sombras. Darles una cara mediante la escritura y la fotografía para poder hablarles directamente. Y saber, finalmente, reconocerme a lo largo del camino, para poder así continuar. Da igual de qué se trate, lo importante es saber cómo afrontarlo. 


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31.03.2017

11 semanas. Casi 3 meses. Es hasta donde he podido llegar publicando una foto al día. Al principio cuando comentaba de qué iba el proyecto y cuál era el propósito, la gente me preguntaba: ¿Pero haces una foto todos los días? No, publico una foto diariamente realizada muy recientemente.

Al principio tenía un stock de fotos preparadas. Esto me permitía  salir a hacer fotos sin presiones de tener que entregar el trabajo por la noche. Dejarlas reposar un poco. Que tomaran forma y estar segura de que me funcionaban como fotos. Obviamente llegó un momento que ese stock se agotó. Que hacía la foto el mismo día. Organizaba y preveía salidas para tener siempre algo que subir. Y así “asegurar” que dispondría de material para sobrellevar la semana siguiente. Hasta que se acababa. Y vuelta a empezar y así, sucesivamente. 

No obstante, ha llegado un momento que he sentido el ritual fotográfico más como una obligación que como una diversión. Y eso era justamente algo que quería evitar desde el principio. Por ello el stock. Para permitirme el día de duda, de reposo, de no pensar pero seguir trabajando. 

Las últimas fotos posteadas, salvo alguna que se salva, las siento como una obligación, con cierta molestia también. Sin diversión. Por ello, paré unos días para rellenar el pozito interno creativo y reflexionar. Asimismo, el otro día leyendo tropecé con un gran párrafo que decía: 

Como creadores basar nuestra imagen en la disciplina militar es peligroso. A corto plazo, tal vez la disciplina funcione, pero solo funcionará durante un tiempo. Por su propia naturaleza, la disciplina tiene sus raíces en la autocomplacencia (piénsala como una pila; resulta útil, pero no dura mucho). La disciplina en sí misma, y no el flujo creativo, se convierte así en el objetivo.

La parte de nosotros que mejor crea no es un autómata tenaz y disciplinado que funciona a base de fuerza de voluntad, con un repetidor de orgullo que le sirve de refuerzo. Eso es operar a base de pura voluntad: realizar las tareas con cierta disciplina militar. Por el contrario, se requiere más bien entusiasmo que disciplina. […] El entusiasmo se basa en el juego, no en el trabajo. […] Es la alegría, no el deber lo que construye un vínculo duradero”. 

No puedo negar que no me haya ayudado esta iniciativa de publicación diaria. He desafiado la pereza y estoy muy contenta del proceso y del aprendizaje. Pero voy a darle un poco la vuelta al asunto y cambiarle las reglas. A partir de ahora, el objetivo no va a ser publicar una al día, sino publicar cuando sienta que me convence la imagen hasta el día que llegue a las 365 fotografías. Los textos igual. No habrá uno disponible cada semana, sino que irán acorde al proceso de crecimiento y avance del proyecto fotográfico. Ya veremos cómo avanza. De 77 a 365 imágenes, hay muchas posibilidades, cambios, sensaciones y alternativas. 


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19.05.2017

“An artist is one who goes into darkness and brings out light

“Un artista es aquel que se adentra en la oscuridad y saca a relucir la luz”. La palabra artista me cuesta utilizarla. Prefiero el término creador. Así nos dejamos de exigencias y de someternos a diferentes niveles y ligas. La importancia no está en el nivel en el que uno se encuentro con respecto a los demás, sino de esa necesidad interna propia de crear, de expresarse, de jugar, de sentirnos a gusto, aliviados, de comunicarnos con nosotros mismos y de luego si uno quiere, compartirlo con los demás.

Tal y como escribí en el último post, dejé la dinámica del proyecto 365, -publicar una foto cada día- porque estaba acabando en una espiral de exigencias y obligaciones que me hacían alejarme de la verdadera relación que yo quería mantener con la fotografía.

Se podría decir que durante mi ausencia de publicar, entré en esa especie de oscuridad. No tenía ganas de coger la cámara y tenía otras preocupaciones en la cabeza que priorizaban mi tiempo. Y de hecho eso fue positivo porque centró mi atención en mí misma: en cómo estaba, qué me preocupaba, qué quería etc. 

Está claro que cuando utilizamos cualquier medio de expresión, nos ayuda a sacar un poquito de lo que llevamos dentro y plasmarlo de alguna manera. Pero aún así, la etapa previa al propio acto de realización es muy importante. Ya que hace que reconectes contigo misma. Pasas por esa oscuridad tal y como la frase inicial indica y puedes traer más tarde la luz, las respuestas, la claridad ausente y puedas por tanto continuar.

A esto añado una observación del escultor Jaume Plensa: 

Lo interesante no es el artista, es la persona. Es decir, para hacer un buen arte, tú tienes que crecer como persona. El arte es una consecuencia de ello. Todo esto que pasa por tí, o por cada uno de nosotros, hay gente que no necesita fijarlo de ninguna manera; que es suficiente para él viviendo cada experiencia, igual que la vive, desaparece. Y después hay un grupo de gente, -que podríamos llamar artistas-, que se obsesionan en congelar este momento, en fijarlo de alguna manera. Fijarlo de una manera que deje de ser una experiencia personal para pasar a ser una experiencia colectiva. Y esto creo que es un momento muy bonito de la creación. Cuando ya no es tuyo sino que es de todos.


87/365

05.06.2018

Hace un año que ha pasado desde la última vez que escribí un post y hace año y medio que comencé el proyecto 365. He llegado hasta la 87/365. Para mi no es un proyecto fallido en absoluto, puesto que el objetivo era mantenerme activa con la fotografía haciendo fotos para mi proyecto fotográfico /nu/. No hacer cualquier cosa con el único propósito de llegar a 365 publicaciones. Tal y como voy interiorizando, lo importante es lo que vas aprendiendo durante el camino y no únicamente alcanzar la meta final. 

No puedo estar más contenta puesto que esta iniciativa surgida por el interés entre procesos personales y procesos creativos me llevó al encuentro con la Arteterapia a principios de año. He realizado un curso de postgrado de iniciación en dicha disciplina y ha sido un aprendizaje maravilloso. Tanto es así, que finalmente me he lanzado al acompañamiento personalizado de proyectos fotográficos después de tanto tiempo queriéndolo llevar a cabo. Eso es lo mágico, que empiezas en un punto pero nunca sabes dónde vas a acabar. Y hay que estar preparada para ello, no es fácil, es cuestión de dejarse llevar, y llevar bien ese fluir.

Por otro lado, el proyecto fotográfico que desarrollé, /nu/, ha estado meses en reposo. Necesitaba olvidar las imágenes que tomé, calmar las sensaciones, para poder enfrentarme a ellas con la tranquilidad que brinda el paso del tiempo. Y veo un final en el proyecto, cada vez lo veo más cerca. Porque no todo es hacer fotos, hay también procesos internos que se van entretejiendo y tenía que escucharlos.

Con este último post finalizo una etapa personal y creativa intensa con muchísimos aprendizajes. Llega un momento, que hay que cerrar etapas para poder abrir las siguientes. Y me siento en ese punto de cierre. Así que  gracias por la escucha, y a seguir caminando. 

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