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14.02.2017

Durante las últimas semanas, he estado dedicando bastante tiempo a rediseñar mi web personal y a la construcción de una comercial. Cada cierto tiempo les enviaba el link a buenos amigos para que me aconsejaran. Cómo la ven, qué se puede mejorar, qué no funciona etc. Aspectos que de tantos verlos, se te escapan porque acabas viciando la mirada. 

Hace unas semanas, hablé con una antigua compañera del colegio. Es diseñadora y está trabajando en un estudio de arquitectura. Visto que estaba muy contenta por su trabajo, le pregunté acerca de su web para conocer sus proyectos. Me contestó que hacía casi un año que tenía en mente construirla, por lo que no tenía nada para enseñarme. De pronto me vino a la cabeza el motivo que me obligó a construir la mía y todo lo que ésta había cambiado hasta el día de hoy. 

Bastante.

Detalles, que hasta que no te pones a ellos, parece que no avances. ¡Y a la vez cuidado! Tampoco cegarse en ellos y en su continua puesta en cuestión. Es muy sencillo atascarse y tropezarnos, al final, con nosotros mismos. 

Aun así, todo trabajo está en continuo cambio y evolución. Y menos mal, porque si no, no hay progreso. La máquina no avanza. Y esto me recuerda a un consejo que me dijeron ayer con respecto a las webs en particular, pero que sirve para cualquier contexto.  

Recuerda que los grandes recorridos se hacen con pequeños pasos y no con grandes saltos.” 


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