56/365

7. 03.2017

Esa puerta que está frente a mí. Cerrada. Y que de alguna manera intuyo lo que hay detrás. Ese candado que la cierra no es más que un impedimento, un obstáculo, un miedo -¿mío?-. Como no tengo la llave, paso de la puerta. Sigo el camino. Descubro que éste acaba siendo circular. Vuelvo otra vez a esa puerta. Esta vez el marco ha desaparecido. Pero aún así no puedo moverla. Puedo dar las vueltas que sea a través del camino y cada vez que paso por esa puerta que poco a poco se va desintegrando pero que a la vez sigue firme en su posición, me llama y me interpela. Y sin embargo yo, no siento la fuerza para atravesarla. 

Reconozco que es un miedo. La lógica del miedo es echarse para atrás y correr en dirección contraria. Si sigo esta lógica podré estar las veces que quiera como una tonta dando vueltas a la misma circunferencia sin llegar a avanzar hacia ningún lado. De mi depende, por tanto, encontrar la manera de abrir, romper, forzar, - lo que sea- el candado. Ese miedo, sano, no es más que una pequeña alarma que me dice, dirígete a esto. Y trabájalo. Solo así podrás avanzar. 

Using Format